Atahualpa Fernandez
Posdoctor Teoría Social, Ética
y Economia/ Universidade Pompeu Fabra; Doctor Filosofía Jurídica, Moral y
Política /Universidade de Barcelona; Master Ciencias Jurídico-civilísticas/
Universidad de Coimbra; Research Scholar del Center for Evolutionary
Psychology / University of California, Santa Barbara;Research Scholar de la
Faculty of Law/CAU- Christian-Albrechts-Universität zu Kiel-Alemaña; Investigador
del Laboratório de Sistemática Humana da Universidad de las Islas
Baleares/Espanha; Especialista Derecho Público/UFPa.; Profesor Catedrático-Universidad
de Amazônia/Unama/PA /Brasil;Profesor Colaborador Honorífico del Departamento
de Filosofía y Trabajo Social de la Universitat de les Illes Balears/España.
Abstract: The objective of this
article is to offer a critical (re)interpretation of genesis and evolution,
object and purpose, as well as useful qualified methods for interpreting,
justifying and applying modern practical law, all with the intention of putting
philosophic thought and contemporary formal theory of reason at the service of
hermeneutics and juridical argumentation. Law is no more—no less—than an adaptive strategy, evermore complex, but
always noticeably deficient, used to articulate argumentatively—in fact, not
always with justice—through the virtue of prudence, elementary relational
social ties through which men constructs approved styles of interaction and
social structure, i.e., to organize and ethically improve political and social
life in such a way as to permit that no free citizen—rich or poor—should fear
the arbitrary interference of other social actors in his life plan.
Siglos de debate
sobre el origen del derecho ( y de la ética) se reducen a esto: o bien los
preceptos éticos y jurídicos, tales como la justicia y los derechos humanos,
aparecen gracias a la naturaleza humana (de que hay una regla innata sobre los
comportamientos y universales morales determinados por nuestra naturaleza), o
bien son invenciones humanas socialmente construídas ( en el sentido de que
nada existe independiente del acuerdo o del desacuerdo humano). La distinción,
como se verá más adelante, es algo más que un mero ejercicio mental para los juristas
y los filósofos academicos. La elección entre las dos hipotesis supone toda la
diferencia en el modo como nosotros nos vemos a nosotros mismos como espécie ,
mide la legitimidad y la autoridad del derecho y de los enunciados normativos ,
y determina, en ultima instancia , la conducta y el sentido del razonamiento
practico ético-jurídico.
Este mistério,
no resuelto del todo , en torno del derecho, presenta en aparencia un
problema muy poco agradable: el de que la búsqueda de “otra vía” entre el derecho natural y el
positivismo jurídico, o más allá de ellos, tiene generado una explosión de
productiva criatividad en áreas de investigación enteras ( como la filosofía o
la ciencia del derecho, la argumentación jurídica, la sociologia y la
hermenéutica jurídica, etc.) que, durante décadas escasa o rutinariamente cultivadas, conseguirán atraer la atención de
un número creciente de investigadores entusiastas y de reconocido prestigio,
que acabaran por remover los otrora apáticos cimientos de sus respectivas
disciplinas.
Y como suele
ocurrir cuando un área de trabajo e investigación altera súbita y radicalmente
su faz – como ocurre ahora mismo, por ejemplo, en la revolución intelectual que
están provocando las ciencias cognitivas -, el estallido inovador en
filosofia y ciencia del derecho , igual
que un campo imantado de fascinación , acabó por generar un poco de
desconcierto y desorientación:
proliferan los conceptos y los argumentos a tal punto que, de un lado, se hace
por momentos difícil, sino imposible, mantener una perspectiva global y informada ; del otro, tornan flojos y
vulnerables los criterios de avaluación generales que permiten juzgar estos conceptos y estos argumentos.
Por otro lado , y
en el medio de esa tormenta de producción académica , la extraordinaria
proliferación de investigaciones y publicaciones que en las dos últimas decadas
dirigen sus intereses a reflexionar sobre las relaciones entre la ciencia
cognitiva y la sociología , la ciencia cognitiva y la filosofía social
normativa , la ciencia cognitiva y la antropología , la ciencia cognitiva y la evolución
cultural, o la biologia evolutiva y la
psicología evolucionista con todas ellas
, han contribuído también para poner en serio aprieto la defensa teórica
de una inexorable fragmentación del territorio de la Ciencia y de que no existe
una realidad independente de causas sociales, sino que toda ella está
socialmente construida.
Y aunque a esta
nueva realidad multidisciplinar todavia permanezcan ajenos buena parte de los
científicos sociales y de los operadores
del derecho , ella empieza no solamente a poner en jaque una gran porción de
los logros teóricos tradicionales de las ciencias sociales normativas y de la propia ciencia juridica , sino que también está
posibilitando la proposición ( y mismo la exigencia) de nuevos
criterios para que esas areas de conocimiento sean
revisadas a la luz de los recientes estudios provenientes de la
psicología evolucionista, de la
biologia evolutiva , de la
primatología, de la neurociencia, etc.
La idea – de la cual estamos convencidos - reside en el hecho de que las ciencias jurídicas, sociales y humanas
obtendrán más benefícios partiendo de una visión biologicamente vinculada a la
naturaleza humana , de la transformación de la filosofía de la mente y de las
ciencias cognitivas en su base conceptual, del que permanecer incólume en su
aislamento teórico y metodológico , desde lo cual los operadores juridicos
vienen prestando poca atención a los fundamentos de la naturaleza humana y practicamente
ningún interes por sus origenes más profundos. Dicho de otro modo , de que los
perversos defectos teóricos de que
todavia padecen decurre del desprecio al hecho de que el comportamiento individual se origina a partir de la
intersección de nuestro sofisticado programa ontogenetico cognitivo y del
entorno socio-cultural en que movemos nuestra existencia , o sea, de que el
comportamiento moral y social está guiado, fundamentalmente, por nuestra arquitectura cognitiva innata , que tiene una estructura
homogenea y funcionalmente integrada, a par de regimentada en módulos o
dominios específicos.
Al final, si parece seguro que nuestra evolución
se dió por mecanismos darwinianos y de acuerdo con limitaciones darwinianas, el
tipo de naturaleza humana implicado en una determinada propuesta teórica o
práctica define y circunscribe no solamente las condiciones de posibilidade de las sociedades humanas como,
y muy particularmente , el diseño del conjunto institucional y normativo que
regulará las relaciones sociales, así como el caracter de las normas y de los valores producidos por el hombre en
el percurso del incesante proceso de adaptación (darwiniana) al complicado y
cotidiano mundo en que plasma su secular existencia. En efecto, y a menos que
aceptemos, según algunas propuestas teológicas, que los seres humanos están
solamente un poco por debajo de los angeles, un modelo darwiniano sensato sobre
la naturaleza humana debe subjacer a cualquiera teoria social normativa ( o jurídica) que , en la actualidad ,
pretenda ser digna de algun crédito (Rose,2000).
Bajo esa perspectiva, parece razonable ponderar que una
forma operativa ( que no mate el pensamiento ni enerve la acción) para avaluar
el problema del fenomeno juridico es empezar por preguntar, en última instancia, “¿como el derecho se
tornó y es posible?”, o sea, “¿cúal es
la función del derecho en el contexto de la existencia humana?” Una explicación
“convencional neodarwinista” presupone que disponer de normas de conducta
representa una ventaja genética, con lo cual la pregunta original sobre por
que “criamos” el derecho, se transforma
en “¿que
ha constituido (o que constituye) la
ventaja selectiva o adaptativa?” De no
poder responder a esta cuestión, la presencia del derecho en el universo
del existir humano seguirá siendo un enigma, siempre abierto a las más
disparatadas suposiciones académicas.
Para empezar,
persiste la incógnita
que afecta a los humanos y solamente a ellos, y que ninguna teoría
parece ser capaz de despejar : la de averiguar
por qué motivos desarrollamos una solución tan costosa
y tan tremendamente compleja en términos neurológicos para resolver los
contratiempos que pudieran presentar
nuestra existencia secular y el mútuo relacionamento de la vida social.
Los lobos y los leones , por ejemplo, resuelven esos problemas con estrategias
muy hábiles, tales como la agrupación, sin que
medeie ningún tipo de norma o
lenguaje gramatical. Las hormigas y las abejas efectuan un ejercicio de danza (
y bioquímico) específico para transmitirse
informaciones sobre la localización y la calidad de sus manjares. Los
monos ( y especialmente los primates modernos) disponen de una variada gama de
gestos , gritos y otras conductas para manifestar ( esconder o disimular) miedo y agresividad ,
sentido de justicia , sumisión y placer, deseo de congraciarse y tener
apetencias sexuales etc. , pero jamás hacen uso de estructuras normativas
proposicionales ni gramaticales.
Es de suponer que la capacidad linguistica , tan propia de
nuestra especie y la herramienta más importante para la transmisión de la
cultura, nos aporta ventajas en la implementación de esa sofisticada estratégia de
supervivencia social que los sistemas de comunicación más simples no son
capaces de transmitir. Sin embargo,
seguimos sin conocer por qué la ventaja
es tan grande que llega al punto de permitirnos conocer “quién hizo qué a
quién”, de predecir en normas de
conducta bien definidas las consecuencias de las acciones de nuestros
congéneres, pero que, por otro lado, también nos impide acudir a una definición más precisa de
justicia o de delimitar en qué aspecto
la teoría del derecho natural es preferible a la de un positivismo más
sosegado.
En ese sentido, y para tentar entender y superar la
oscuridad del tema , quiza la perspectiva
más fecunda en el analisis del derecho sea la funcional[1] , quiero decir , aquella que no se fija en una
supuesta ( y por veces reducionista y/o eclética) perspectiva axiológica,
sociológica o estructural del mismo, sino
que intenta dilucidar para qué sirve en el ámbito de la
evolucionada existencia humana , sin que
para eso, pongamos el caso, sea necesario recurrir al expediente retórico (
relativista o tradicional) de condicionarlo a los oscuros límites de la revelación
de teorías que ultrapasan la comprensión y la propia experiencia humana , de
verdades independentes que nuestra inteligencia no es capaz de procesar y
entender, o sea, de disimular o desconocer los motivos y las razones que suscitan y justifican su
(evolucionada) existencia como uno de los aspectos esenciales de la vida en
grupo.
Y una vez situado este tipo de planteamento sobre el derecho a una dimensión
propiamente evolucionista y funcional, es posible conjecturar que si el derecho
ha sido creado por el hombre, para los propósitos del hombre, entonces todos
los propósitos que por ventura se pueda encontrar y extraer de él deben ser
debidos , en última instancia, a los propósitos del hombre. Pero, “¿cualés son
esos propósitos?”, es algo así como un misterio.
No obstante, y porque los humanos son siempre un problema
tan sensible, parece razonable partir
de la hipotesis (empiricamente rica) de que la respuesta se encuentre (como sucede con las teorías que relacionan
el tamaño del cerebro con la inteligencia social) en la necessidad para
competir con éxito en la complejidad de nuestro estilo de vida social, o sea ,
en la forma por la cual nuestros ancestrales homínidos resolvieron un problema
adaptativo asociado a las multiples e incesantes relaciones derivadas de una
vida substancialmente grupal: nuestros ancestrales homínidos , en alguno
momento de nuestro pasado evolutivo,
necesitaron (por presiones selectivas)
generar un diseño , mejor que las alternativas entonces existentes, que
permitiera una optimización funcional
y adaptativa del mecanismo de funcionamiento e interacción de las
cuatro formas elementales de sociabilidad que parecen estar arraigadas en
la estructura de nuestra arquitectura
mental : las relaciones de comunidad , de igualdad, de proporcionalidad y de
dominio herárquico [2].
En ese sentido , una explicación darwinista sobre la
evolución del derecho supone que las normas de conducta ( en este caso, de
naturaleza jurídica) representaran una
ventaja selectiva o adaptativa para una especie esencialmente social como la
nuestra que, de otro modo, no habría
podido prosperar biologicamente : plasmaron la necessidad de la posesión de un
mecanismo operativo que permitiera habilitar publicamente nuestra capacidad
innata de inferir los estados mentales y de predecir el comportamiento de los
indivíduos y , de esa forma, ampliar el conocimiento social sobre los miembros de nuestra especie y
desarrollar nuestra también innata capacidad de resolver conflictos sociales
sin necesidad de recurrir a la agresividad[3] ; o sea , de ofrecer soluciones a problemas adaptativos
prácticos , separando (más del que componiendo conflictos ) los campos en que
los intereses individuales, siempre a partir de las reacciones del otro ,
puedan ser valida y socialmente ejercidos (Ricouer,1999)[4].
De hecho, es la
existencia secular y el mútuo relacionamiento en la vida social que producen el individuo;
el reconocimiento del otro va unido al reconocimiento del propio yo. La
capacidad para autointerpretarnos es
inseparable de la adquisición de la capacidad para interpretar a los otros,
para leer sus mentes, para entenderles, y para entendernos a nosotros mismos,
como seres intencionales[5]. Como seres reflexivos,
llegamos a conocernos a nosotros mismos en parte a través de los ojos de los
otros.Cuando nos observamos en relación con los demás, parte de nuestra
experiencia es nuestra visión imaginada de cómo nos ven los otros.Esta
capacidad es una de las bases de la vida social humana y la esencia de lo que
significa autodenominarnos “seres sociales”.
A ese proposito, y concretamente a la asombrosa e inherente
sociabilidad que caracteriza nuestra especie
, una hipotesis muy segura es la de que, relativamente a las necesidades
adaptativas de la vida social , la sociabilidad de los hominidos habría sido fuertemente
desincentivada seletivamente durante el periodo en que nuestros antecesores (el
ancestro conmún) ocuparon la periferia del nicho arbóreo; sin embargo, en la
savana abierta , volvieron a necesitarla: las presiones altamente selectivas en la savana
abierta induciran nuestro ancestral a
volver a tener fuertes tendencias
sociales, provocadas tanto por
necesidades de protección contra predadores (mucho más rápidos y fuertes), para
la caza en común, como para el abastecimiento colectivo en un ambiente
particularmente hostil. Por su vez, esa necesidad adaptativa de
sociabilidad favoreció el ulterior
avanzo de las capacidades cognitivas, promovendo las capacidades de comunicación
y asociación simbólica y sentando las
basis neurofisiologicas definitivas para el lenguage, el pensamiento, la
intercomunicación proposicional y la lectura de la mente.
La vida en grupos cada vez más grandes ha contribuído para
el desarrollo de más inteligencia social , evoluindo los hominidos como
verdaderos lectores de mente. En el proceso de hominización aumentó el volumen
cerebral (y con él las neuronas disponibles y los patrones posibles) en
relación con el volumen corporal y se desarrollaron específicamente el cerebelo
y la corteza frontal. La corteza frontal alberga funciones como la
planificación al largo, la toma de decisiones y otras que parecen derivadas del
requerimiento de interaccionar con la complejidad social más que con el medio
ambiente que no tuvo porque sufrir cambios marcados.Se diría que la
inestabilidad evolutiva que condujo al hombre a evolucionar fue el propio
hombre en su dimensión social.Es más difícil predecir el comportamiento del
prójimo que el calendario anual que a fin de cuentas se repite sistemáticamente
por los siglos de los siglos. Así que la función propia
[6] del fabuloso desarrollo neocortical del Homo
sapiens es precisamente la de
facilitar la interpretación própia y ajena , la inteligencia social. El origen
biológica de nuestras más extraordinárias capacidades cognitivas – como en
todos los grandes homínidos – es de todo punto social.
Por decirlo de otro modo, una vez que la existencia social humana está fundada en la
propensión genética para leer la mente, para antecipar las consecuencias de las
acciones y para formar contratos a largo
plazo, a medida en que los primates
fueron desarrollando sus complejas formas de interacción y de estructura
sociales, su supervivencia pasó a depender, de sobremanera, de argúcias y
medios más sofisticados – que seguramente los sistemas de comunicación más
simples no son capaces de transmitir – para inferir y predecir el
comportamiento de los demás , para mantener la cohesión social y la cooperación
intragrupal , o sea, para resolver problemas rutinarios de supervivencia , de
reproducción, de intercambio social y de
vida en grupo.
Y como los seres
humanos fueron moldeados por la evolución para ser criaturas sociales que
buscan naturalmente integrarse en un sin número de relaciones comunales, la
seleción natural también nos ha dotado especialmente de la capacidad cognitiva
para identificar los contratos sociales y, en especial, para detectar los
tramposos que los incumpren (Cosmides,1989). La formación de un contrato es
más que una propensión cultural
universal: es un rasgo humano tan característico de nuestra espécie, una actividad tan extendida en el comportamento
social humano (como el lenguage, el pensamiento abstracto y practicamente como
el aire que respiramos) que , habiendo sido diseñado desde el instinto y la inteligencia
superior, constituye el principal factor de condicionamento y desarrollo de las
capacidades cognitivas de las personas , de las relaciones, de los motivos, de
las emociones y de las intenciones que se manifiestan en el entorno social[7].
De acuerdo con esta hipotesis, la propuesta de Cosmides y Tooby parece hacer
referencia a una parte del cerebro humano que funciona como una máquina de
calcular implacable y arrasadora. Él trata cada problema como un contrato
social firmado por dos personas y fiscaliza aquellas que pueden burlar el
contrato. Es un órgano de cambio que todo lo que hace es emplear módulos especiales de
deducción proyectados por la seleción natural para descubrir violaciones de
contratos firmados por dos partes.
En efecto, como especie, en cualquiera entorno que vivamos,
sea cual sea la cultura, no solamente parece que somos excepcionalmente
conscientes de la relación coste-benefício existentes en los cambios, como
inventamos el cambio o el contrato
social mismo en las situaciones más imprópias. De acuerdo con Ridley (1996), la
reciprocidad pende, como la espada de Dâmocles, sobre la cabeza de cada ser
humano :obligación, deber, deuda, favor, ajuste, contrato, cambio ,
negócio...Lo que no falta en nuestro lenguaje y en nuestra vida son ideas de
reciprocidad y de cambio social. De hecho, lo que los demás hacen con (y por)
nosotros y piensan de nuestros comportamientos tiene una gran
importancia para nuestras actitudes morales.Gracias al principio de
reciprocidad y del razonamiento en terminos de contrato social las relaciones
cooperativas se han convertido en una base práctica de la vida social. El
sentido de endeudamiento, de la necesidad de devolver un regalo o un favor,
parece ser universal y es probablemente una predisposición innata evolucionada
, deseñada por la seleción natural ,
codificada para una especie
naturalmente inserida en vínculos sociales relacionales.En un mundo de
cazadores-recolectores, la supervivencia diaria no dependia del dinero en el
banco sino del grado de intercambio social y de la fuerza de cohesión de los
vínculos sociales establecidos entre los miembros del grupo[8].
Y esa forma de operar, esa aguda consciencia de la reciprocidad, hace con que el cerebro
humano no sea apenas mejor del de otros
animales; pero diferente. Y diferente de un modo fascinante: como dotado de
módulos específicos o faculdades que le habilitan , de forma consciente e
intencional, a explotar la reciprocidad
, a leer la mente y predecir el comportamiento de nuestros
congéneres, a cambiar favores, a desarrollar un interés remoto por
el bienestar de los demás y a obtener
los benefícios de la convivencia social.
Ora, la amplificación a una dimensión comunitária, por la
elaboración cultural, de esa función própia de un módulo (domínio- específico)
de nuestra arquitectura cognitiva innata (o de una intuición o emoción moral de
origen biológico) conduce a la
expectativa de certeza jurídica , aquí entendida como expresión
sócio-cultural de la solución de
un problema adaptativo relativo a la innata capacidad y necesidad
de predecir las acciones – y sus consecuencias - de nuestros congeneres.
De esa forma, el origen y evolución de nuestro “comportamento contractual” – y
consecuentemente del derecho como artefacto de la cultura - no es un producto
cultural que responde muy directa y racionalmente a las condiciones totalmente
recientes, sino un aspecto intrinsecamente humano y tan propio de nuestra
especie que , expandidos múltiplas veces a una dimensión colectiva , evolucionaron
en preceptos morales y normas jurídicas. Y así ha ocurrido no solamente porque
pasamos una parte considerable de nuestras vidas tentando sobrevivir como
espécie esencialmente social, sino porque la transmisión cultural es adaptativa
en su origen, al permitir que los individuos disminuyan el tiempo y los costes
necesarios para el aprendizaje de una conducta en terminos de eficacia
evolutiva, lo cual implica que la
cultura ( así como ese artefacto cultural denominado derecho) puede ser
ventajosa con respecto al aprendizaje
individual y social (Boyd y Richerson, 1985).
Si bien repararmos,
la vida del hombre - cuyo talento para el lenguage no encuentra rival en el
reino animal – se encuentra dominada por esta dimensión cultural que, por su
relevancia, se manifesta y se replica por medio de los artefactos normativos
que dirigen nuestras conductas en el universo de los cuatro modelos de vínculos sociales
relacionales de los cuales nosotros humanos estamos siempre muy pendientes. No
por otra razón disponemos de normas de conducta bien afinadas que nos permiten
predecir y moldear el comportamiento social respecto a la reacción de los
miembros de la comunidad . Esos artefactos, se plasman gran parte de nuestras
intuiciones y emociones morales, no son
constructos arbitrários, sino que sirven al importante propósito de ,
por medio de jucios de valor, hacer la
acción colectiva posible – y parece razonable admitir que los seres humanos
encuentran satisfacción en el hecho de
que los valores y normas sean compartidos
por los miembros de la comunidad .
Por outro lado, y
con la misma intensidad , nuestros programas ontogenéticos cognitivos tambien
comandan los procesos de constitución y automodelación de nuestra identidad
individual, donde se incluyen las necessidades
de sexualidad , de afecto y de reconocimiento de la propia existencia
por parte del otro , implicando la mútua relación de los indivíduos, el
apareamento dentro y fuera de la unidad familiar, la criación y la educación de
nuestros hijos etc., en uno ciclo contínuo, extremamente costoso e interminable .
Como seres intencionales,
cualquiera acción – quiero decir , cualquier movimiento, cualquier
pensamiento o cualquier sentimiento o emoción–
responde a una forma específica
de como la seleción natural
moldeó nuestro cerebro en beneficio de una ventaja adaptativa: los objetivos de
nuestras acciones son dados por medio de una estratégia estrictamente vinculada a la naturaleza humana, sin
prejuicio – claro está- de admitieren amplas variaciones resultantes de la
inserción en el entorno socio-cultural en que se vive – o sea, de que la
cultura influye tanto en el sentido de acentuar como de rebajar las tendencias más profundamente
enraizadas en la naturaleza humana[9]
Y porque durante el largo curso de nuestro proceso
evolutivo algunas estrategias y mecanismos diseñados por el hombre tienen la
capacidad de resolver problemas adaptativos a ellos asociados , asumimos y
decimos que ellos tinen valor ( que son buenos) y , como tal, que son capaces de ir acumulando
tradicciones que, renovadas, son transmitidas de generación en generación, por
decisiones individuales de las personas influidas por la historia, por la cultura y por el pasado evolutivo de la humanidad.
Dicho de otro modo: si todos los humanos sin excepción
significativa tendemos a valorar las mismas cosas, no es porque (solamente) nos
hayamos puesto de acuerdo sobre ellas, sino porque tales valores comunmente
compartidos se asientan en la psicología natural de la especie humana. Todos
valoramos, por ejemplo, la cooperación intragrupal, pero desconfiamos de la
cooperación intergrupal cuando es propuesta desde afuera. Valoramos la cohesión
de grupo, las relaciones de parentesco, la sumisión u obediencia a un líder, la
capacidad de ascender en la jerarquía social, la conducta altruista, la
protección a la infancia y el aprendizaje de los pequeños, las alianzas
estratégicas, la amistad, el sexo, el
alboroto moderado, las relaciones de intercambio, el riesgo controlado;
valoramos la sinceridad, pero también la reciprocidad y la seguridad , y abominamos el engaño , y
muchas otras cosas también , porque la evolución programó la mente humana
para comportarse de esos modos típicos
de nuestra espécie.
En realidad , parece razonable admitir que
nuestras valoraciones son , en buena medida, el resultado de dos dominios en
permanente estado de interacción: un conjunto de determinaciones geneticas que
nos estimulan a mantener actitudes morales, a evaluar y preferir, y que
pertenece al genoma común de nuestra especie; y un conjunto de valores morales
del grupo que es una construcción cultural , y esta construcción ( y su
respectiva transmisión) es historicamente fijada en cada sociedad y en cada
época. De esa interacción resulta que
nuestras valoraciones parecen
sesgadas por nuestras tendencias innatas hacia determinadas conductas, pues es
la gama característicamente humana de
emociones que produce los propositos,
metas , objetivos, voluntades, necesidades , deseos, miedos y aversiones del
hombre , siendo, por tanto , la verdadera fuente de los valores humanos[10].
Y esto es importante tenerlo en cuenta
porque las valoraciones morales y jurídicas compartidas son las que seguirán
teniendo éxito en el futuro, y conviene aprovechar lo mejor de ellas para
adecuar los preceptos éticos y normativos a su sólida realidad si queremos que
funcionen, más que inspirarlos en volátiles y contingentes utopías.
La selección natural
ha moldeado nuestro cerebro con el resultado de que nos importan más
unas cosas y menos otras, o sea, de que nuestra arquitectura cognitiva – funcinalmente
integrada y de domínio-específico homogenea para todos los seres humanos - impone constricciones fuertes para la
percepción, armazenamiento y transmisión discriminatória de
representaciones socio-culturales.
Deciendo de otro modo, de que los limites observados en la diversidad de los
enunciados éticos y normativos son el reflejo de la estructura y funcionamiento
de nuestra arquitectura cognitiva, o sea, de que las caracteristicas biológicas
de nuestro cerebro delimitan el espacio de las normas de conducta que nos son
posible aprender y seguir. Debido a ese indirecto condicionamiento, que lo es no
tanto de nuestras actitudes sino de nuestra capacidad moral, todos tendemos a valorar ciertas cosas en detrimiento
de otras. Los valores asegurados por medio de nuestras normas de conducta
describen (en gran medida) nuestras aptitudes morales naturales: valoramos
aquello que admite el margen de nuestra limitada capacidad para aprender a
valorarlo.
En efecto , lo que nos incita a
comportarnos moral y juridicamente no es el cálculo deliberado entre las
posibilidades de obtener cierto beneficio incumpliendo una norma establecida y
el riesgo que corremos si somos descubiertos y castigados por ello. Tampoco funcionamos
por adhesión consciente a normas con las que racionalmente comulgamos. Más bien
son intuiciones o sentimientos morales de gran importancia en las relaciones
humanas lo que entra en juego de un modo subrepticio, espontáneo, sin darnos
apenas cuenta: empatía, remordimiento, vergüenza, humildad, sentido del honor,
prestigio, compasión, compañerismo .Y
esto es fundamental en la elección moral porque, si hay algo que la moralidad
lleva implícito, son las convicciones fuertes: éstas no surgen –o no pueden
surgir – a través de la fría racionalidad kantiana, sino que requieren
preocuparse por los otros y tener fuertes instintos viscerales sobre lo que
está bien o mal ( F. de Waal,2002). Sencillamente actuamos delante de una regla
de conducta del modo como nos enseñan a
actuar, motivados por el deseo innato de “identificación grupal”, enormemente
favorecido por medio de la adopción de prácticas sociales y comportamientos conmunes
que funcionan en una
determinada colectividad.
Como hemos puesto
de manifiesto, tales intuiciones se asientan en predisposiciones innatas de
nuestra arquitectura cognitiva para el aprendizaje y manipulación de destrezas
sociales marcadas en la biología del cerebro, y que han ido apareciendo a lo largo de la
evolución de nuestros antepasados homínidos para evitar o prevenir los
inevitables conflictos de intereses que surgen de la vida en grupo[11].
Son estos rasgos, que podríamos llamar tendencias más que características, lo
que mejor puede ilustrar los orígenes y la actualidad del comportamiento moral
y jurídico del hombre.
De hecho, si los hombres se juntan y viven en sociedad es
porque solamente de ese modo pueden sobrevivir y si constituir como individuos
separados y autónomos, retirando tambien de ahí ventajas considerables en lo
que toca a la satisfación de los hechos más significativos de su innata
naturaleza humana . Se ha desarrollado, por esta via, valores sociales específicos: el sentimiento de pertenencia y
la necesidad de ser aceptado por su comunidad;
la lealtad para con el grupo y sus miembros; el cuidado de la vida y propriedad ajenas; el altruísmo
; la empatía; el respecto recíproco; el
antecipar las consecuencias de las
acciones, etc. Todo eso son prácticas que naturalmente resaltan de una vida
compartida, dando más tarde lugar a los conceptos de justicia, de moral , de
derecho, de deber, de responsabilidad, de libertad, de igualdad, de dignidad,
de culpa , de seguridad, de traición y tantos otros.
Por conseguiente,
y pese al hecho de que la tendencia para
la separación entre lo material y lo espiritual ha llevado, no obstante , a que
se absolutizen algunos de esos valores – alenjándoles de sus origenes y de las
razones específicas que los han generado y presentándoles como de esencia
espiritual, como una transcendencia que ultrapasa el propio hombre -, la ética y el derecho parecen ter una base
más segura cuando relacionados a una visión biologicamente vinculada a nuestra arquitectura cognitiva,
estructurada en módulos o dominios
específicos, o sea, a la naturaleza humana unificada y fundamentada en la
herencia[12].
Hay que se considerar
la circunstancia de que los propios enunciados normativos – de los
valores éticos a los derechos humanos –
surgieron gracias a naturaleza de nuestra complicada arquitectura cognitiva y la inherente sociabilidad que caracteriza
nuestra especie , sometidas que están,
a su vez , a las leyes de la evolución a
traves de la seleción natural y la inevitable interferencia de la cultura. Esos
valores pertenecen a los códigos de la especie humana como un todo, una
consecuencia peculiar de nuestra propia humanidad que, a su vez, “constituye el
fundamento de toda la unidad cultural”
(Maturana,2002).
El proyecto
axiológico y normativo de una comunidad ética no es más que un
artefacto cultural manufacturado y utilizado para posibilitar la supervivencia , el éxito
reproductivo y la vida en grupo de los
indivíduos: para expresar (y a veces,
pero no infrecuentemente, para controlar y/o manipular) nuestras intuiciones y
nuestras emociones morales, traducindo y componiendo en fórmulas
sócio-adaptativas de ordenada convivencia esa instintiva y mismo compartida
aspiración de justicia que nos mueve en el curso de la historia evolutiva
propia de nuestra especie . De ahí que las normas jurídicas dicten las
practicas sexuales, fomenten ciertos tipos de vínculos sociales relacionales en
detrimiento de otros, regulen la
libertad y la igualdad y proiban la
agresión y la violencia.
Y una vez que la
abrumadora carga de riqueza empírica ( e intuitiva) milita en favor de esta
línea de pensamiento , la razón parece
inclinarse fuertemente ante la evidencia de que el nacimiento de las
representaciones culturales presuponen la integración de una visión biológicamente
vinculada a la naturaleza humana, o sea, de que la coevolución entre genes y la
cultura teció no solamente una parte, sino toda la rica trama del
comportamiento social humano[13].
De hecho, en
función de ese complicado proceso coevolutivo - en que, por ejemplo, las representaciones culturales
normativas que tratan con temas de sexo, familia y
poder, desatan fuertes reacciones y son más prósperas en terminos de
“replicación” porque se relacionan con aspectos de suma importancia de
nuestro pasado evolutivo ( Brodie,1996)-
, los hombres , desde las pequeñas
bandas de 70 y 150 cazadores- recolectores ubicados en la savana
, y cuya supervivencia dependia
inevitablemente del mantenimiento de la cohesión social , se
multiplicaron y concentraron progresivamente, primero en pequeñas
ciudades y, más tarde, en grandes
naciones, tendiendo , hoy, a
transformarse en una
“sociedad única” , quizá en la búsqueda del gran ideal de “ciudadania universal” de los ilustrados
Kant y
Goethe ( que, dicho sea de paso,
dista en mucho del filisteo proceso
de “globalización” neoliberal de nuestra época).
Consecuentemente,
este fenomeno fue acompañado por un gran crecimiento del conocimiento y de la
complejidad de los vinculos y estructuras sociales – especialmente en lo que
se dice respecto a los sistemas de
información y de comunicación entre los miembros de nuestra especie - , permitiendo una interacción mucho más intensa
y rápida entre los hombres y los grupos sociales y, en igual medida, exigiendo
un incremiento sustancial de las normas integradoras de la acción comun. Al
final, como ya se ha dicho anteriormente, el progresivo aumento de la
complejidad del intercambio recíproco exigió (y exige constantemente) una
estrategia adaptativa basada en una previsibilidad comportamental cada vez más
sofisticada, o sea , en una consistente padronización de las acciones y de las
consecuencias del complicado actuar humano.
Y aquí llegamos a
las leyes humanas – esa herramienta cultural e institucional “ciega”,
virtualmente neutra y con potencial capacidad vinculante para predecir y
regular el comportamiento humano - , cualquiera que sea su naturaleza o grado
de imperatividad. Y parece razonable suponer que en todas las sociedades
humanas existen normas para el ejercicio de derechos (aunque escazsos) por los
hombres y desde luego, del poder, la distribuición y el uso de la propriedad,
la estructura de la familia o de alguna otra entidad comunitaria, la
distribuición del trabajo y la regulación de los cambios en general, etc. ;
normas que, por resolver determinados
problemas adaptativos, plasman , en el
entorno colectivo e historicamente
condicionado , nuestra innata capacidad (y necessidad) de predecir el
comportamiento de los demás y de justificar mutuamente nuestras acciones.
También en ese particular , y tal como
parece haber ocurrido con la evolución biológica, el
proceso no ocurre linealmente, antes por medio de ensayos y errores. Los
hombres intentan varias soluciones normativas y adoptan las que les parece más
eficaces en determinado momento, hasta que es posible sustituirlas por otras
que se revelen más adaptadas a sus propósitos evolutivos. Y una vez que la
flexibilidad de la conducta humana y la diversidad de las representaciones
culturales es mucho más limitada de lo que se puede imaginar y, por otro lado,
las alteraciones se pueden transmitir con mucho mayor rapidez y eficacia , el
proceso de la evolución normativa se encuentra sujeto a profundos sobresaltos y
equívocos y , a veces , a retrocesos significativos ( esa, quizás , sea la
explicación evolucionista de las llamadas leyes injustas).
Así que el orden juridico emana de la propia naturaleza
humana ( de su facultad de anticipar las
consecuencias de las acciones, de hacer juicios de valor y de elegir entre
líneas de acción alternativas) y no es algo que haya sido impuesto a la
naturaleza humana por la cultura. Nuestras manifestaciones culturales no son
colecciones casuales de habitos arbitrários: son expresiones canalizadas de
nuestros instintos , o sea, de nuestras
intuiciones y emociones morales. Por esa razón, los mismos temas despuntan en
todas las culturas: família, ritual, cambio, amor, jerarquía, amistad,
propriedad, celos, envidia , lealtad grupal y superstición. Por esa razón, a
pesar de las diferencias superficiales de lengua y costumbres, las culturas
extranjeras tienen sentido inmediatamente al nivel más profundo de los motivos,
de las emociones , de los habitos y de los instintos sociales. E instintos, en
una especie como la humana, no son
programas ontogeneticos imutables; son predisposiciones para aprender y actuar.
En efecto, acreditar que los seres
humanos tienen instintos no es una idea más determinista de la que acreditar
que son producto de la educación (Ridley, 1996).
Estamos diseñados por la seleción natural para circunstáncias
ecológicas y culturales distintas de las actuales y con una mente dotada de
módulos (ricos en contenido) que procesan tanto los motivos innatos que
conducen a actos perversos como los motivos innatos que nos llevan a
evitarlos.Nuestros sistemas perceptivos evolucionaran para construir modelos
adecuados al entorno, para poder averiguar cual será el paso seguiente.Nuestro
cerebro está diseñado para resolver con eficácia las dificuldades que
encontramos, elegir y tomar decisiones. Nuestros vínculos sociales relacionales
son, evidentemente, deficientes y
nuestra capacidad de predicción y de antecipación de las consecuencias de las
acciones dista mucho de ser perfecta, pero es mejor que nada. Sin normas, no
pasariamos de ahí. Pero disponemos del derecho y, con él, en una sociedad
compleja, promovemos medios para
controlar y predecir las malas y las buenas acciones, para justificar acciones colectivas y, lo que es más importante,
para articular, combinar y establecer
límites sobre los cuatro modelos elementales de vínculos sociales relacionales
por medio de los cuales los humanos construyen estilos aprobados de interacción
y de estructura social, en fin, de los derechos y deberes que surgen de la ineludible vida comunitaria.
En efecto, si el derecho es una respuesta a algo, este algo
debe haber sido un desafio adaptativo que quizás solamente los seres humanos
tuvieron de afrontar: un desafio que nasció de la necesidad humana de entender
y valorar el comportamiento de otros seres humanos, de responder a él, de
predecirlo y de manipularlo y , a partir de eso, de establecer y regular las
más complejas relaciones de la vida en grupo.
Sea como sea , los artefactos culturales mejoran la
inteligencia social, en la medida en que nos ayudan a ver las limitaciones o las incoerencias de
nuestras intuiciones y emociones morales, llevandonos a perfeccionarlas,
enmendarlas y aún a podarlas. Dicho de otro modo , aunque no puedan variar arbitrariamente y sin
limites – pues que las influencias del medio (incluyendo la cultura humana)
sobre el conjunto de comportamientos en una especie está limitado , condicionado y varían según
el “sustrato” genético en el que actúan - , pero capaces de sobrepasar las
limitaciones biologicas en muchos
aspectos, las representaciones culturales normativas pueden servir como eficaz
instrumento de ampliación, restricción o manipulación de nuestras intuiciones y
emociones morales[14]. Y por lo que se sabe,
los humanos somos los unicos seres ubicados en la tierra capaces de producir
una estratégica herramienta adaptativa, cultural e institucional , como el derecho, que permite la generación,
la articulación y el desarrollo de los vinculos sociales relacionales con más
rapidez, seguridad, previsibilidad y eficacia.
Los códigos éticos y jurídicos surgiran por evolución como productos de la
interacción de la biología y la cultura; los sentimientos morales son ahora
intuiciones y emociones morales diseñados por la seleción natural, tal como los
definen las modernas ciencias de la mente y del comportamiento, sujetos a
juicios según sus consecuencias: nuestros sentimientos y nuestras emociones
derivan de nuestra arquitectura cognitiva innata, rasgos hereditarios en
nuestro desarrollo mental, en general condicionados – o igual, manipulados –
por la cultura, que infuyen sobre los conceptos, los principios, las normas y
las decisiones que se toman , se construyen y se adoptan a partir de ellos.
Así pues, el desarrollo del derecho representa un proceso
evolutivo como cualquier otro, que fue creando, através de la interacción de la
cultura con la biologia, un complejo deseño de normas de conducta para solucionar problemas adaptativos
practicos relacionados con la creciente complejidad de la vida en grupo. Las
primeras expresiones normativas cambiaron el entorno de nuestra inteligencia
social, la cual permitó que otras normas más complejas encontraran una
ubicación en la existencia esencialmente social de la humanidad.
De ahí que las reglas tendentes a controlar y predecir el comportamento humano no han sido dadas a la humanidad desde
arriba, ni surgieron aleatoriamente en la mecánica del cerebro. Evolucionaron a
lo largo de muchos años porque resolvían problemas adaptativos y conferían la
oportunidad de estar representados en las generaciones futuras, a los genes que
las prescrebían y expresaban.
No somos niños errantes que ocasionalmente pecan por
desobedecer a las instrucciones procedentes de un ser indefinible, extraño y
exterior de nuestra especie; somos adultos que descubrimos que determinados pactos
son necesarios para resolver problemas recurrentes relativos a la supervivencia, al éxito
reproductivo y a la vida en comunidad, y aceptamos la necesidad de asegurarles
mediante juramiento “sagrado”. Por esa razón, la ley no es simplemente un
conjunto de reglas habladas, escritas o
formalizadas que las personas siguen.En vez de eso, la ley representa la
formalización de reglas comportamentales, sobre las cuales un alto porcentaje
de personas concuerda, que reflejan las inclinaciones comportamentales y
ofrecen beneficios potenciales aquellos que las siguen: cuando las personas no
reconocen o acreditan en estos beneficios potenciales, las leyes son , con
frecuencia , no solamente ignoradas o desobedecidas – pues carecen de
legitimidad y de contornos culturalmente aceptables en términos de una conmun, consensual e intuitiva concepción de justicia -, sino
que su cumplimiento se queda condicionado a la autoridad que les imponen por
medio de la “fuerza bruta”. (Margaret
Gruter,1991).
De la misma forma, formulamos juicios de valor sobre lo
justo y lo injusto no solamente por sermos capaces de razón, como expresa la teoría de los juegos y la teoría de la interpretación jurídica, sino
porque tambien estamos dotados de ciertas intuiciones morales innatas y de determinados estímulos
emocionales que caracterizan la sensibilidad humana y que permiten que nos
conectemos potencialmente con todos los demás seres humanos. De ahí que las virtudes de la tolerancia, de la compasión
y de la justicia no son formulas políticas que nos esforzamos para alcanzar,
sabiendo de las dificuldades del camino, sino compromisos que asumimos y
esperamos que otros asuman . La sociedad – tanto cuanto el derecho - no es
invención de pensadores. Ellos evolucionaron como parte de nuestra naturaleza.
Son, tanto como nuestro cuerpo, también productos de un largo y tortuoso
proceso coevolutivo. Para comprenderlos debemos mirar dentro del cerebro, hacia
los instintos de y predisposiciones para crear
y explotar los vínculos sociales relacionales que allí están.
En este particular, si era
inevitable que Hobbes y Rousseau carecieran de una perspectiva evolucionista,
es menos perdonable que algunos de sus descendente intelectuales tambien
carezcan. El filósofo John Rawls – aunque para el problema de la estabilidad de
los principios de justicia, parta del supuesto de que ciertos principios
psicologicos y evolucionistas son verdaderos, o que lo son de forma aproximada
- nos pide que imaginemos seres racionalles
juntandose para crear una sociedad a partir de la nada, exactamente como
Rousseau imaginó un proto-humano solitário y autosuficiente. Es cierto que son
apenas experiencias intelectuales, pero sirven para recordarnos de que nunca
hubo una sociedad “anterior”. La sociedad
humana nació de la sociedad del Homo erectus, que nasció de la sociedad
del Australopithecus , que nació de
la sociedad de un extinto elo perdido entre humanos y chimpancés, que a su vez
nació de la sociedad del elo perdido entre simios y monos, y así por delante,
hasta llegar al punto en que empezamos, como una especie de animal
esencialmente social, prioritáriamente moral,
particularmente cultural y decididamente diferente.
Siendo así – y al abrigo de esta perspectiva - , resulta evidente
que entre el mundo del “ser”
y el mundo del “deber-ser”
hay una manifiesta e intima relación, razón por la cual parece bastante
plausible considerar nuestra facultad ética como análoga a nuestra facultad de
lenguaje : adquirimos conocimiento ético con una instrucción muy poco
explícita, sin gran trabajo intelectual y, al final, el resultado es
notablemente uniforme dada la variedad del input
ético recibido. El medio ambiente
sirve simplemente para poner en marcha y
especializar nuestras intuiciones
y emociones morales[15].
Por conseguiente, la importancia de la mútua relación
entre evolución biológica y la
emergencia de una conducta moral y jurídica más compleja, en los momentos en
que la especie humana estaba desarrollando sus capacidades cognitivas y el
lenguage articulado, parece estar fuera de duda. El comportamiento adaptativo
al estilo de vida del cazador-recolector moldeó muy probablemente la conducta
social y moral primitiva, y se servió de ella para la aparición de grupos cuya
supervivencia pasó a depender de sobremanera de determinadas estrategias
adaptativas (basadas en la complejidad cognitiva del ser humano) que, con el
paso del tiempo, han dado lugar a nuestra actual y astronómicamente gran riqueza jurídico-normativa[16] .
Admitir que la difusión domínio-específica de los vínculos
de comunidad, proporcionalidad, autoridad y de igualdad se
dá porque está incorporada de
forma necesaria en nuestra arquitectura cognitiva ( por tanto, vínculos que
subyacen a los rasgos universales de la cultura), es , indudablemente , el camino más seguro
para que se puedan descobrir poderosas , fértiles y vinculantes vias (jurídicas) de explicación y
articulación de la conducta social humana
y de los vínculos sociales relacionales - en particular, de un amplio
abanico de conductas mal adaptadas a las circunstancias actuales : modos
adecuados de combinarlos , de potenciar
y cultivar sus mejores lados, y de mitigar o jugular sus lados
destructivos y perigosos.
Y una vez que todo el derecho tiene
caracter relacional, y toda la relación jurídica reside , en ultimo análisis,
en una relación social – por tanto , en uno de los cuatro modelos elementales
de vínculos sociales relacionales establecidos por el hombre, los cuales, a su
vez, tienen siempre el individuo como sujeto[17] -, la función y finalidad
de todo discurso jurídico consiste tanto
en la articulación combinada de los referidos vínculos sociales relacionales
como en el deber de todo operador jurídico de actuar en razón de
la persona y para la persona humana . De otro modo , el derecho no
es más ni menos que una estrategia
socio-adaptativa – cada vez más compleja, pero siempre
notablemente deficiente – empleada para
articular argumentativamente - de hecho , ni siempre con justicia –, por medio
de la virtud de la prudencia, los vínculos sociales relacionales elementales a
traves de los cuales los hombres construyen estilos aprobados de interacción y
estructura social . Un artefacto cultural que deberia ser manipulado para
diseñar un modelo normativo e institucional que evite , en un entorno social
preñado de asimetrias y desigualdades , la dominación y la interferencia arbitrária recíprocas y, en la misma medida , garantizando una
cierta igualdad material , permita ,
estimule y asegure la titularidad y el
ejercicio de derechos ( y el cumplimiento de deberes) de todo punto
inalienables y que habilitan
publicamente la existencia de los ciudadanos como individuos plenamente libres[18].
Estas consideraciones pueden ayudar a
comprender el fenómeno presente de la moralidad y juridicidad humana sin
desligarlo de sus orígenes y, sobre todo, sin hipostasiarlo como el elemento
esencial de nuestra discontinuidad con el mundo animal. En efecto, parece
razonable suponer que la biología evolucionária, la neurociencia, la ciencia
cognitiva y la psicología evolucionista
ofrecen razones poderosas que dan cuenta de la falsedad de la concepción
conmun de la psicología ( y de la racionalidad) humana y el alcance que puede
eso llegar a tener para el actual
edificio teorico y metodológico de la ciencia juridica, para la concepción
acerca del hombre como causa y fin del derecho y, consecuentemente, para la
tarea del jurista-interprete de dar
“vida hermenéutica” al derecho positivo.
Y eso tiene
gran importancia para la filosofia y la ciencia del derecho pues, de no ser
así, de no se encuentrar restringido cognitivo-causalmente el domínio de las
preferencias humanas (que impone constricciones significativas para la
percepción y el armazenamiento discriminatório de
representaciones socio-culturales y que conforma el repertorio de patrones de
actividad de nuestro cerebro de los que emerge nuestra conducta), se puede
perfectamente admitir la alteración de la naturaleza humana en cualquier sentido que se desee y, en igual
medida, negar la primera y basica premisa de la contribuición cientifica de que el Homo
sapiens es una especie biológica
cuya evolución ha sido forjada por las contigencias de la selección
natural en un ambiente bioticamente rico
, de que tenemos un cerebro heredado por vía del proceso evolutivo,
generado para enfrentarse a realidades tangibles y equipado con las
hierramientas necesarias para, como un
verdadero motor semántico, manipular los significados y procesar las
informaciones relevantes para resolver los problemas de nuestro existir evolutivo.
También se pueden dar pasos hacia una
comprensión de las condiciones de posibilidad y límites del fenómeno jurídico ,
procurando siempre llegar a soluciones
menos injusta y moralmente aceptable si se atiende al princípio (ético)
- extraido directamente de nuestras
intuiciones y emociones morales más profundas -
según el cual el derecho debe ser manipulado de tal manera que sus
consecuencias sean siempre compatibles con la mayor posibilidad de evitar o disminuir
la miséria y la infelicidad humana (o
sea, que no se produzca sufrimiento cuando sea posible prevenirlo, y que aquél
que es inevitable se minimice y grave con moderación a los miembros
individuales de la sociedad, a los ciudadanos).
En efecto, el éxito o fracaso de la humanidad depende en
gran medida del modo como las
instituciones que gobiernan la vida pública
sean capaces de incorporar esa nueva
perspectiva de la naturaleza humana en princípios, métodos y
leyes.Comprender la naturaleza humana , su limitada racionalidad , sus emociones
e sus sentimientos parece ser el mejor camino para que se pueda formular un diseño institucional y normativo
que, reduciendo el sufrimiento
humano , permita a cada uno vivir con el otro en la búsqueda de una humanidad
común.
Esto significa, en términos
más modestos y más realistas , un compromiso más específico y virtuoso del
operador del derecho en el sentido de definir
y de constituir diseños institucionales , normativos , discursivos y
socio-culturales lo más amigables posibles para con las funciones propias de nuestras intuiciones
y emociones morales , y, en segundo lugar, cuando eso no sea enteramente
posible, que procure diseños institucionales, normativos, discursivos y
socio-culturales que eviten la siempre posible manipulación perversa de esas
intuiciones y emociones.
Sea como sea,
estamos firmemente convencidos de que ha llegado el momento de transladar
el problema del derecho a un plano
distinto y más frutífero. Y aunque una perspectiva evolucionista, funcional y
biológica no determine si el cambio es
adecuado ni qué medidas deben ser
adoptadas para crear una deseada
mudanza, seguramente podrá servir para informar sobre una cuestión de
fundamental relevancia práctico-concreta
: quien operacionaliza el derecho puede procurar actuar en consonancia
con la naturaleza humana o bien en contra de ella; pero es más probable que
obtenga soluciones eficaces (consentidas y controlables) modificando el
ambiente en que se desarrolla la naturaleza humana que el que se empeña en la imposible tarea de alterar la propia
naturaleza humana. Dicho de otro modo , es al derecho que toca servir a la
naturaleza humana y no lo contrario.
BIBLIOGRAFIA
ALEXANDER, R., Darwinismo y asuntos humanos, Barcelona,
Salvat, 1994.
ALEXY, Robert, Teoría de los Derechos Fundamentales, Madrid, C.E.C, 1997.
__ , Teoría
de la Argumentación Jurídica, Madrid, C.E.C., 1997.
__ , Derecho
y razón práctica, México, Fontamara, 1998.
ARISTÓTELES,
Ética a Nicómaco,Madrid, Centro de
Estudios Políticos y Constitucionales (C.E.P.C.), edición bilingüe, 1999.
__ , Ética Nicomáquea y Ética Eudemia,
Madrid, Grecos, 1985.
__ , Política, Madrid, C.E.P.C., edición
bilingüe, 1997.
ARSUAGA, J. L. e
MARTÍNEZ, E.I., La especie elegida,
Madrid, Ediciones Temas de Hoy, 1998.
ATIENZA, Manuel,
El sentido del Derecho,Barcelona,
Editorial Ariel, 2003.
ATRAN, S., Cognitive Foundations of Natural History,
ATRAN, S. e SPERBER,
D., “Learning without teaching.Its place
in culture”, in Landsmann, L. (ed.),
Culture, Schooling and Psycological
Development, Ablex Publishing ,Norwood, NJ, 1992, 39-45.
AXELROD,
Robert., La evolución de la cooperación,
Madrid, Alianza Editorial, 1996.
AYALA, F. J., La teoría de la evolución , Madrid,
Ediciones Temas de Hoy, 1999.
BAKER, R.R. e BELLIS,
M.A., Human Sperm Competition:Copulation,
Masturbation, and Infidelity,
BALL, J. A., “Memes as
replicators”, Ethology and Sociobiology,
n. 5, 1984,145-161.
BARKOW, J., COSMIDES,
L. e TOOBY, J., The Adapted Mind, New York, Oxford University Press, 1992.
BLACKMORE, Susan, The Meme Machine , R.U. and
BOYD, R. y
RICHERSON, P. J., « Solving the puzzle os human cooperation », en S.
Levinson (coord.), Evolution and culture,
Combridge (
__, Culture and the Evolutionary Process,
BOYER, P., The Naturalness of Religious Ideas: A
Cognitive Theory of Religion,
__ , Tradition as Truth and Communication,
BYRNE, R. W. e WHITEN,
A. , Machiavellian Intelligence: Social
Expertise and the Evolution of Intellect in Monkeys, Apes and Humans,
CAMPBELL, D., “On the
Conflicts Between Biological and Social Evolution and Between Psychology and
Moral Tradition”, American Psychologist,
30: 1103-1126,1975.
CAMPS, Victoria
(ed.), Historia de la ética,
Barcelona, Crítica, 3 vols. 1999.
CARRUTHERS, P. e SMITH, P. (eds.), Theories of Theories of Mind,
CAVALLI-SFORZA,L.L. e
FELDMAN,M.W., Cultural Transmission and
Evolution: A Quantitative Approach, NJ,
CELA CONDE,
Camilo J., De genes, dioses y tiranos. La
determinación biológica de la moral, Madrid, Alianza,1985.
___ ,
“Ética, diversidade e universalismo: a
herança de Darwin”, in Changeux,
Jean-Pierre (org.), Uma ética para
quantos?,Brasil, Sao Paulo, Edusc, 1999.
CHALMERS,D., The Conscious Mind,
CHOMSKY, N., Rules and Representations,
__ , Language and Problems of Knowledge: The
CHURCHLAND, P., “Eliminative Materialism and the
Propositional Attitudes”, in Alvin I. Goldman (comp.), Readings in Philosophy and Cognitive Science, Cambridge, Mass., MIT
Press, 1993.
__ , A Neurocomputational Perspective,
Cambridge, Mass., MIT Press, 1989.
CORTINA, Adela e MARTÍNEZ,
Emilio, Ética, Madrid, Akal, 1998.
COSMIDES, L., “The logic of
social exchange: has natural selection shaped how humans reason? Studies
with the Wason selection task”, Cognition
31: 187-276, 1989.
COSMIDES, L. e TOOBY,
J., “From evolution to behaviour: Evolutionary psychology as the missing link”,
in Dupre, J. (ed.), The Lasted on the Best: Essays on Evolution and Optimality,
__ , “Origins of domain-specificity: The
evolution of functional organization”, in
Hirschfield,L.A. e Gelman, S.A., Mapping the Mind , Cambridge, MA,
Cambridge University Press, 85-116, 1994.
__ , “Evolutionary
Psychology and the Generation of Culture”, II: “Case Study: A Computational
Theory of Social Exchange”, Ethology and
Sociobiology , XX, 51-97,1989.
__ , “Dissecting the
computational architecture of social inference mechanisms”, in G.R. Bock & G. Cardew (eds.), Characterizing human psychological
adaptation,
CRONIN,H., The Ant and the Peacock,
CSIKSZENTMIHALYI, M., The Evolving Self: A Psychology for the
Third Millennium,
DAMÁSIO, António R., O erro de Descartes. Emoção, razão e cérebro humano, São Paulo,
Companhia das Letras, 2001.
___, Em
busca de Espinosa: prazer e dor na ciência dos sentimentos,Brasil, Sao
Paulo, Companhia das Letras, 2003.
DARWIN, Charles,
El origen de las especies, Madrid,
Espasa-Calpe, 1998.
__ , El origen del hombre, Madrid, Edaf,
1987.
__ , Autobiografía y cartas escogidas,
Madrid, Alianza, 1999.
DAWKINS, R., El gen egoísta, Barcelona, Salvat, 1994.
__ , El relojero ciego, Barcelona, Salvat,
1994.
__ , La Fleuve de la Vie. Qu´est-ce que
l´Evolution, Paris, Hachette, 1997.
__ , Destejiendo el arco iris. Ciencia, ilusión y
el deseo de asombro, Barcelona Tusquets Ed., 2000.
DENNETT, Daniel, Darwin´s Dangerous Idea: Evolution and the
Menaning of Life ,
__ , Contenido y conciencia, Barcelona,
Gedisa,1996.
__ , La actitud intencional, Barcelona,
Gedisa, 1998.
__ , La libertad de acción, Barcelona,
Gedisa, 2000.
__ , Tipos de mentes. Hacia una comprensión de la conciencia,Madrid , Debate, 2000.
DE
__ , El simio y el aprendiz de sushi. Reflexiones
de un primatólogo sobre la cultura, Barcelona, Paidós, 2002.
DEWEY, John, The Influence of
DIAMOND,J., Guns, Germs and Stell,
DÍAZ, Elías, Sociología y Filosofia del Derecho, Madrid,
Taurus, 1992.
__ , Curso de Filosofía del Derecho, Madrid-Barcelona,
Marcial Pons, 1998.
DOMÈNECH,
Antoni, De la ética a la política. De la
razón erótica a la razón inerte, Barcelona, Crítica, 1989.
__ , El
eclipse de la fraternidad, Barcelona, Critica, 2003.
__ , “Elster y las limitaciones de la
racionalidad”, prólogo a J. Elster, Domar
la suerte, Barcelona, paidós, 1992.
__ , “Ciencia
moderna y riesgos antropogénicos”, Arbor,
enero, 1986.
__ , “Ética y
economía de bienestar: una panorámica”, in
O. Guariglia (comp.), Cuestiones morales, vol. 12 da Enciclopedia iberoamericana de filosofía,
Madrid, Trotta, 191-222, 1996.
__ ,
“Racionalidad económica, racionalidad biológica y racionalidad epistémica.La
filosofía del conocimiento como filosofía normativa”, in Manuel Cruz (coord.), Acción humana, Barcelona, Ariel, 1997.
__ , “El eterno
retorno de Calicles”, in F. Álvarez e Roberto R. Aramayo, Disenso e incertidumbre (Javier Muguerza
veinte años después de “ La razón sin esperanza”, volume em preparação.
__ , “El
equilibrio reflexivo y el origen de nuestro conocimiento moral”, in J. Bertomeu et. al. (comps.), Festschrift
para Osvaldo Guariglia , volume em preparação (1998).
__ ,
“Cristianismo y libertad republicana.Un poco de historia sacra y un poco de
historia profana”, La balsa de la medusa,
Madrid, n. 51-52,3-47, 1999.
__ , “... y
fraternidad”, in Isegoría
, 7: 49-77, 1993.
__ ,
“Individualismo ético e identidad personal” , in ARAMAYO, R.R. et alii (comps.), El
indivíduo y la historia, Barcelona, Paidós, 1995, 29-42.
DONALD, M. , Origins of the Modern Mind: Three Stages in
the Evolution of Culture and Cognition,
DWORKIN, Ronald,
Los derechos en serio, Barcelona,
Ariel, 1989.
__ , Ética privada e igualitarismo político,
Barcelona, Paidós, 1993.
__ , “Do
__ , La
comunidad liberal, Santafé de Bogotá, Facultad de Derecho Univ. de los
Andes, 1996.
__ , Sovereign Virtue: the theory and practice of
equality,
FERNANDEZ, Atahualpa, Direito, evolução, racionalidade e discurso jurídico, Porto Alegre,
Ed. Fabris, 2002.
FISKE, Alan P., Structures of Social Life. The Four
Elementary Forms of Human Relations,
FODOR, J., The Modularity of Mind,
__ , “Précis of “The Modularity of Mind”, The Behavioral and Brain Sciences, 8:
1-42, 1985.
FOX, R., The Search
for Society: Quest for a Biosocial Science and Morality,
GARFIELD, J. (ed.), Modulariry in Knowledge Representation and
Natural Language Understanding,
GREGORY, Richard L., Mind in Science: A History of Explanations
in Psychology and Physics,
GRUTER, Margaret , Law
and the Mind ,
HIRSCHFELD,
HOFFMAN , M. L., “Empathy, Social Cognition, and Moral
Action”, in
HUMPHREY, N., La mirada interior, Madri, Alianza, 1995.
__ , “The social function
of intellect”, in P.P.G. Bateson & R. A. Hinde (eds.), Growing Points in Ethology, Cambridge,
Cambridge University Press, 303-317, 1976.
__ , A History of the Mind,
KAGAN, J., The Nature of the Child, Basic Books,
KAUFMANN,
Arthur, Filosofía del Derecho,Bogotá , Univ. Externado
de Colombia, 1999.
McGINN,Colin, The Problem of Consciousness,
MITHEN, S., The Prehistory of the Mind. A search for the
origins of art, religion and science ,
PETTIT, Philip, Republicanismo.Una teoría sobre la libertad
y el gobierno, Barcelona, Paidós, 1999.
PIAGET, J., El criterio moral en el niño, Barcelona,
Fontanella, 1977.
PINKER, S., The
Language Instinct, New York, William
Morrow & Co., 1994.
__ , Cómo funciona la mente, Barcelona,
Destino, 2000.
PINKER, S. e BLOOM, P.,
“Natural language and natural selection”, Behavioral
and Brain Sciences, 13: 707-784, 1990.
RAWLS, J., Uma teoria da justiça, Lisboa,
Fundamentos, 1993.
__ , El liberalismo político, Barcelona,
Crítica, 1996.
RAWLS, J. e
HABERMAS, J., Debate sobre el liberalismo
político, Barcelona, Paidós,1998.
RIDLEY, Mark, Evolution,
RIDLEY, Matt, The Red Queen: Sex and the Evolution of
Human Nature,
__ , The Origins of Virtue,
SOBER, E. y WILSON,
D. S., El comportamiento
altruista.Evolución y psicología, Madrid, Siglo XXI de España Editores,
2000.
TOOBY, J. e COSMIDES
L., “Evolutionary psychology and the generation of culture, part. I.
Theoretical considerations”, Ethology and
Sociobiology, 10: 29-49, 1989.
__ , “Ecological
rationality and the multimodular mind: Grounding normative theories in adaptive
problems”, manuscrito inédito,
__ , Cognitive adaptations for threat,
cooperation, and war”, Plenary address, Annual Meeting of the Human
Behavior and Evolution Society, Binghamton, New York, agost/1993.
__ , “On the
universality of human nature and the uniqueness of the individual: The role of genetics and
adaptation”, Journal of Personality,
58: 17-67, 1990.
__ , “Friendship and
the banker´s paradox: Other pathways to the evolution of adaptations for
altruism”, Proceedings of the British
Academy, 88: 119-143, 1996.
TRIVERS, R.L., “The
evolution of reciprocal altruism”, Quarterly
Review of Biology, 46: 35-56, 1971.
__ , Social Evolution,
__ , “The evolution of
a sense of fairness”, in Absolute Values and the Creation of the New
World, vol. 2. The International
Cultural Foundation Press, New York, 1983.
TUGENDHAT,
Ernest, Lecciones de ética, Barcelona,
Gedisa, 1997.
__ , Ser- Verdad- Acción, Barcelona, Gedisa,
1997.
__ , Problemas de la ética, Barcelona,
Crítica, 1988.
WILLIANS, G.C., Adaptation and natural selection,
WILLIAMS, M.B.,
“Deducing the Consequences of Evolution”, Journal
of Theoretical Biology, 29: 343-385, 1970.
__ , The truth about cinderella. A Darwinian View
of Parental Love,
__ , Sex,
Evolution and Behavior,
WILSON, E. O., Sobre la naturaleza humana, Barcelona,
Círculo de Leitores, 1997.
__ , Consilience. The Unity of Knowledge,
__ , Sociobiología.La nueva síntesis, Barcelona, Omega, 1980.
WILSON, J. Q., The Moral Sense, Free Press,
______________________Voltar
para a PÁGINA PRINCIPAL___________________
[1] De hecho, en la investigación acerca de la singularidad del
derecho, el pensamiento funcional es sencillamente ineludible; no podemos
enumerar las posibilidades sin presuponer un concepto de función. Tal como
Aristóteles hizo notar en el nacimiento de la ciencia humana, nuestra
curiosidad por las cosas se manifesta de diferentes formas, todas innerentes al
mundo mundano ( al reino del espacio y del tiempo) y que no pueden existir
separadamente de él. Sus pioneiros esfuerzos por conseguir una clasificación de
esas formas están preñados de sentido. Identificó Aristóteles cuatro preguntas
básicas para las cuales buscamos respuestas a respecto de algo y denominó estas
(sus respuestas) las cuatro aitia - un término griego inexprimible ,
aún que tradicionalmente traducido, de manera un poco extraña , por las cuatro
“causas”.Nos interesa, aqui , la que se
refiere al hecho de que podemos mostrar curiosidad acerca del propósito,
objetivo o fin de
algo , a la cual Aristóteles llamó telos , a veces traducido, tambien extrañamente,
como “causa final”.Es necesario
gran esfuerzo de comprensión y adaptación para conseguir que estas cuatro aitias de
Aristóteles se acomoden como respuestas a las cuatro interrogaciones habituales
“qué”, “dónde” , “cúando” y “por qué” ;
esta acomodación es sólo parcialmente
buena. No obstante, las preguntas que empiezan con
“por qué” mantienen más una estricta correspondencia con la
interrogación de la cuarta “causa” de
Aristóteles , o sea, por el telos de una cosa. “Por qué eso?”, preguntamos
constantemente . “Para qué sirve eso?” es una pregunta tan habitual, que pasó a
ser parte de nuestra cotidiana existencia.De hecho, durante siglos esos “por qués” fueron reconocidos como
problemáticos por filósofos y científicos ; y tan distintos que los problemas
que suscitan acabaron por merecer un nombre: teleología. Así que una
explicación teleológica es aquella que
explica la existencia o la ocurrencia de algo indicando como prueba el objetivo
o propósito al que sirve esa cosa. Los artefactos culturales son los casos más
óbvios: el objetivo o propósito de un artefacto es la función a cumplir para la
cual ha sido diseñado por su creador. Por ejemplo, no existe controversia
acerca del telos de un martillo:
golpear e introducir clavos. El telos de artefactos más complicados, como una cámara
de vídeo , un móvil con sus inumerables opciones de programación, un escáner
para tomografia axial computarizada (TAC) es, incluso, más óbvio
(Dennett,1995). La idea es ciertamente natural y atractiva : si observamos un
reloj de bolsillo y nos preguntamos por que tiene un cristal transparente en
uno de sus lados, la respuesta nos induce a pensar en las necesidades y deseos
de quien utiliza esos relojes : porque
desean saber las horas , mirando a traves del cristal
transparente y protector, y así por delante.Si no fuera por esos hechos que se
relacionan con nosotros, para quién (
y por quién) el reloj ha sido creado , no habría explicación para el “por
que” de su cristal. Y lo mismo ocurre, como se verá más
adelante, con ese artefacto cultural a que llamamos “derecho”.
[2] Se trata de la idea sugerida por Alan P.
Fiske (1993) – cuya inovadora propuesta seguimos no solamente por su buena
calidad formal, sinó también por su abrumadora riqueza empírica – y que trata
de dar respuesta a muchos de los interrogantes sobre la forma en la que la
organización domínio-específica de la mente humana afecta las relaciones
sociales y condiciona nuestras intuiciones morales. Basado en un amplio abanico de investigaciones antropológicas, sociológicas y psicológicas,
Fiske postula la existencia de cuatro formas elementales de socialidad , cuatro
modelos elementales através de los cuales los humanos construyen estilos aprobados de interacción social y de
estructura social. Los cuatro modelos elementares propuestos son los de: 1) comunidad ( comunal sharing) ; 2) autoridad
( authority ranking); 3) proporcionalidad (market pricing); e 4) igualdad ( equality matching).Como esas cuatro
estructuras han sido encontradas de forma muy extendida en todas las culturas,
y como ellas forman parte de los ambitos más importantes de la vida social,
Fiske sugiere como inferencia posible que estan arraigadas en estructuras de la
mente humana. En ese sentido, una vez que parece impensable tratar de la relación
jurídica (o sea, las relaciones personales del hombre que el discurso juridico
identifica como tal) sin tomar como
referencial las relaciones
sociales que son trabadas en el curso de la existencia humana, conocer las
características de los cuatro tipos de vínculos sociales relacionales propuestos
por Fiske permite descubrir poderosas vias de articulación de esas formas de
vida social : modos adecuados de combinarlas, de potenciar y cultivar sus
mejores lados, y de mitigar o jugular sus lados destructivos y peligosos . Y
porque todo el derecho y todo el “orden” tiene un caracter relacional
, aquí reside, en último analisis, la tarea de realización del derecho que,
desde una perspectiva instrumental, pragmática y dinámica, pasa a ser concebido como un intento, una
técnica , para la solución de determinados problemas prácticos relativos a la
conducta en interferencia intersubjectiva de los individuos (Kaufmann,1999;Atienza,
2003).Se trata, en definitiva, de una via que conduce a considerar el derecho
como argumentación , que presupone, utiliza y, en certo modo, da sentido a las
demás perspectivas teóricas relacionadas
con las dimensiones estructural, sociológica y axiológica del fenomeno
jurídico. Por conseguiente, parece razonable suponer que cualquer propuesta
teórica de discurso jurídico debe considerar la circunstancia de que toda la
argumentación que se efectua en la vida jurídica es,
fundamentalmente, una argumentación sobre las diversas vias por medio de
las cuales se articulan esas (cuatro) formas de vida social arraigadas en la
compleja estructura de la mente humana e irredutibles entre si .
[3] Tal como señala el biólogo evolucionista Richard Alexander (1987),
la principal fuerza hostil de la naturaleza hallada por el ser humano es el
otro ser humano.Los conflictos de intereses están onmipresentes y los esfuerzos
competitivos de los otros miembros de
nuestra especie se han convertido en el rasgo más sobresaliente de nuestro panorama
evolutivo.En virtud de que todos tenemos las mismas necesidades, los otros
miembros de nuestra propia especie son nuestros más temibles competidores por
lo que se refiere a vivenda, empleo, pareja sexual, comida, ropa, etc. Pero, al
mismo tiempo, son también nuestra única fuente de asistencia, amistad, ayuda,
aprendizaje, cuidado y protección. Esto significa no solamente que la calidad
de nuestras relaciones sociales ha sido siempre vital para el bienestar
material de nuestra especie, como la solución pacífica de los conflictos y la
igualdad han pasado a ser una estrategia
eficaz para evitar los altos costes
sociales de la competición y de la desigualdad material. Esas
consideraciones van al corazón mismo de los dos tipos distintos de organización
social encontrados entre los humanos y los primates no homínidos: el que se
basa en el poder y dominio (“agônico”) y el que se basa en una cooperación más
igualitária (“hedónico”).Debido a que las sociedades de clases han sido
predominante a lo largo de la historia de la humanidad, tenemos la tendencia a
considerar como norma humana las formas agónicas de organización social.Pero
ello pasa por alto la evidencia de que durante nuestra prehistoria como
cazadores-recolectores – la mayor parte de la existencia humana- vivimos en
grupos hedónicos.En efecto , los antropólogos han calificado de “firmemente”
igualitarias las sociedades modernas de cazadores-recolectores – recientes en
términos evolutivos y en la que ha transcurrido el 99% de la historia evolutiva
de la especie humana.
[4]En realidad, nuestro comportamiento, nuestras sociedades, nuestra cultura y nuestras normas de conducta (eticas o jurídicas) son la respuesta que elaboramos, con los mecanismos psicologicos evolucionados de que disponemos, para solucionar los problemas relativos a las exigencias y contingencias de una existencia esencialmente grupal. Y eso se hace gracias a una arquitectura cerebral que confirma la longínqua idea de Konrad Lorenz sobre la existencia de un imperativo biológico capaz de combinar respuestas instintivas e códigos morales. Como afirma Antonio Damasio(2001), los valores éticos constituyen estratégias adquiridas para la sobrevivencia de los indivíduos de nuestra especie, pero tales habilidades adquiridas encuentran un apoyo neurofisiológico en los sistemas neuronales de base que ejecutan las conductas instintivas. Los procesos cerebrales que tienen una relación con las emociones estan profundamente articulados con los que provocan cálculos de avaluación.Así que si el juicio etico-jurídico está basado en razonamientos que provocan cálculos de avaluación , pero también en emociones y sentimientos morales producidos por el cerebro, no puede ser considerado como totalmente independiente de la constitución y del funcionamiento de ese órgano cuya génesis deberá entonces ser reintegrada en la historia evolutiva propia de nuestra especie.
[5] Es de la naturaleza del existir humano que cuando observamos el
comportamiento de nuestros congeneres, raras veces, puede
que nunca, observamos un mero mosaico de actos incidentales; lo que
vemos detrás de ellos es una estructura
causal más profunda, la presencia oculta de planes, intenciones, emociones,
recuerdos, etc., y partindo de esa base, podemos tratar de comprender lo que
hacen los demás. En otras palabras, parece que estamos diseñados por la
seleción natural para tener una capacidad de prever o de tener un imagen, una
espécie de modelo conceptual de la mente humana, sin lo cual una especie
esencialmente social como la nuestra no habría conseguido prosperar en el
entorno socio-cultural en que plasma su existencia. La comprensión interna es
nuestro derecho desde el nascimiento y nuestro mayor regalo.Cada uno de
nosotros empieza su vida preparado por la naturaleza para crear el mundo de los
demás a su propia imagen.Para un niño no hay otra alternativa; no ve en los
demás ni más ni menos que los sentimientos que él mismo ha conocido y, a la
medida en que se enriquece, el mundo que le rodea se enriquece con él. En
efecto, es en el trato de unos con otros cuando tenemos que pensar, sentir,
recordar, calcular y sopesar las cosas , o sea, en que la empatia , la
coperación (y desde luego el egoismo) y el altruismo fluyen con mayor
naturalidad. Y la inteligencia social requiere hasta la ultima gota del poder
cerebral que posuimos.Los seres humanos no pueden sobrevivir, en ningun lugar
de la tierra, al margen de la sociedad; no
pueden sobrevivir , quiero decir, en ningún lugar de la tierra, de forma
autonoma y separada, se carecen de una profunda sensibilidad y capacidad de comprensión del “otro”.Así como enseñan mismo las más laicas
entre las ciencias, es el otro, es su mirada, que nos define y nos conforma.
Nosotros ( asi como no conseguimos vivir sin comer o sin dormir) no conseguimos
comprender quien somos sin la mirada y la respuesta del otro.En la falta de ese
reconocimiento, el recien-nascido abandonado en la floresta no se humaniza (o,
como tarzán, busca el otro a cualquier costo en la cara de un mono); y
podríamos morrir o enloquecer si
vivieramos en una comunidad en la cual, sistematicamente, todos hubieran
decidido no nos mirar jamás o comportarse como si no existieramos: seriamos,
por cierto, como una especie de Adan bestial , solitário y sin consciencia,
que no viveria en su “existencia” el significado
de la relación sexual, el placer
del diálogo y del consenso, el amor por los hijos y el dolor de la perdida de
una persona amada (Umberto Eco, 2000). En efecto, varias teorias modernas de la
evolución del cerebro humano mantienen que el principal estímulo ambiental
selectivo para su rápido crecimiento pueden haber sido las exigencias de tener
que tratar con la complejidad de la vida social. En vez de pensar que el
cerebro humano se ha desarrollado simplesmente para solventar los problemas del
entorno material, tenemos que considerar más bien como un órgano social
desarrollado en el interior del espirito colectivo de un grupo social, pero no
como una máquina calculadora generalizada, sino como provisto de módulos para
tratar con los distintos aspectos de la vida social, al igual que tiene tambien
módulos para la adquisición del lenguaje o para el reconocimiento facial.
[6] La noción de “función propia” ha sido acuñada por Ruth Millikan en 1984. Según Domènech (1998), el último Hayek se mostró muy preocupado por este hecho, una vez que veía en las funciones propias de nuestras intuiciones morales una amenaza y una fuente inamovible del descontentamiento y oposición al orden capitalista ultraliberal que era de su gusto: “Los instintos innatos del hombre no lo son a proposito para una sociedad como la que vivimos.Los instintos estaban adaptados a la vida en pequeños grupos (...).Sólo la civilización ha traído individualización y diferenciación. El pensamiento primitivo consiste fundamentalmente en sentimientos comunes de los miembros de los pequeños grupos. El colectivismo moderno es una recaída en ese estado salvaje, un intento de reconstruir esos fuertes vínculos que se dan en los grupos limitados...- Hayek (1983: 164-165)”.
[7] En realidad, una de las consecuencia más importantes de los
experimentos pioneros de Cosmides y Tooby, es el hecho de que, hoy , sabemos
que la formación de un contrato no es simplemente el producto de una única
facultad racional , que opera igualmente a través de todos los acuerdos que
establecen entre si las partes que
negocian. Al contrario, una capacidad , la detección
del engaño , se ha desarrollado hasta
niveles excepcionales de agudeza
y cálculo rápido. La detección del “tramposo” destaca en agudeza
de la detección del mero error y
del establecimiento del intento
altruísta por parte de los demás: un contrato es una implicación de la
forma “si quieres obtener un benefício, tienes que satisfacer un requisito” ;
los tramposos se llevan el beneficio sin satisfacer el requisito (Pinker,2000).
Además, esta capacidad de detección es desencadenada como un procedimiento
computacional solamente cuando se especifican los costes y los beneficios de un
contrato social. Más que el error, más que las buenas razones, y más incluso
que el margen de beneficio, lo que atrae la atención es la posibilidad de que
otros nos engañe: excita nuestras intuiciones y emociones morales y sirve como
fuente principal de chispas hostiles y de desequilíbrio de los cuatro vínculos
sociales relacionales que establecemos
en nuestro intercambio social. De tal manera ,
la mente parece disponer de un
detector de mentiras con una lógica própia
: cuando la lógica estandar y el detector
lógico de mentiras coinciden, las personas actuan como lógicos; cuando se
separan, seguimos buscando quien hace la trampa. Y fue la predicción del
biólogo evolucionista Robert Trivers de que los seres humanos, los altruístas
más llamativos del reino animal, debemos haber desarrollado un algoritmo
detector de tramposos hipertrofiado , que llevó
Cosmides y Tooby a buscar (y descubrir)
este mecanismo mental , partiendo del analisis evolucionista del
altruísmo (Pinker,2000).
[8] Nuestras mentes, dicen Sober y Wilson (2000), han sido formadas por
mecanismos psicologicos que evolucionaron para motivar el comportamiento
adaptativo, donde se encuentra un interés remoto por el bienestar de los demás
y las predisposiciones típicas de una especie diseñada para ser
social , fidedigna y cooperadora. Los seres humanos estan preñados de
instintos sociales: vienen al mundo
equipados con predisposiciones para aprender a cooperar, a distinguir el
fidedigno del tramposo, a procurar ser leales, a conquistar buena reputación, a
intercambiar productos e informaciones , a dividir el trabajo y a moldear su
individualidad y sus vinculos sociales a partir de las reacciones del otro. En
eso, estamos sólos. Ninguna especie
avanzó tanto en su caminata evolutiva, pues ninguna otra ha construido
una sociedad tan integrada, a la excepción de los parentes dentro de una gran
familia, como la colonia de hormigas. Debemos nuestro éxito como especie a los
instintos sociales que tenemos; ellos nos permitiran obtener beneficios
inimaginables de nuestra entrañable vida social
( por ejemplo , al nacer con un cerebro inmaduro, que lleva cierto tiempo
para desarrollarse, jamás podríamos
sobrevivir, como especie , si no dispusieramos de intensas emociones morales y
rígidos codigos de ética compartidos por el grupo al que pertenecemos). Son
ellos (nuestros instintos sociales) los responsables de la rapida expansión de
nuestro cerebro en los ultimos dos millones de años y, por conseguiente, de
nuestra criatividad. La sociedad y la mente humana evolucionan juntas, una
reforzando las tendencias de la otra. Lejos de ser una característica universal
de la vida animal, la tendencia a cooperar y a razonar en terminos de contrato
social es la marca de calidad y
legitimidad del ser humano, aquello que nos distingue de otros animales.
[9] Aquí se pone el problema de que las intuiciones y las emociones morales de la gente puedan estar irreparablemente sesgadas por sus intereses. Tambien es posible, e incluso no infrecuente que una diferencia de intuiciones morales de origen biológico sea amplificada por la elaboración cultural de esas intuiciones: sabemos que los celos sexuales masculinos (desarrollados evolucionariamente como una estratégia psicológica para proteger la certeza masculina de la paternidad), una vez manipulados por elaboración cultural, pueden causar sufrimientos, incluso hasta la muerte, a muchas mujeres del mundo, amplificada que puede ser hasta el execrable una diferencia de intuiciones morales de origen biológico. Así, por ejemplo, determinadas hipótesis biológico-evolucionistas sobre la filogénesis humana y el estudio etológico del comportamiento de nuestra espécie coinciden en insistir en el llamado “lado oscuro de la sexualidad masculina” ( Wilson e Daly, 1992). De acuerdo con esta tesis , el comportamiento sexual masculino estaria en buena medida guiado por el temor del “cuco”: por el temor a la prosmicuidad de su compañera feminina y la consecuente inversión de recursos propios en la cria de hijos ajenos. De aí derivarian unas tendencias “propietaristas” sobre las mujeres , o sea , unas intuiciones morales tendentes a considerar la mujer como una propiedad. De esas intuiciones digamos “naturales” – para seguir con la hipótesis - se pueden hacer elaboraciones culturales muy distintas: : desde la “mujer ama de casa” de nuestra cultura, hasta la ablación del clitóris, habitual en ciertas culturas del norte y centro-africanas, pasando por el chador islámico y el vendaje y la molduración de los huesos de los pies de la tradición china. En esos tipos de culturas, que amplifican hasta el abominable disposiciones de raiz presumiblelmente biológica, parece difícil encontrar soluciones menos radicales que la puesta en marcha por el gobierno revolucionário de China en 1949: barrer sin contemplaciones toda la tradicción cultural (Domènech,1998).
[10] Como recuerda Camilo J. Cela-Conde (1999), esos dos patrimonios
colectivos (genes/cultura) tambien tienen una expresión individual: ellos
confluyen en un ser humano particular. Parece , así , necesario añadir a los
dos domínios arriba indicados un
tercero domínio denominado de “actualización”
ética, cuyo sentido ontológico es diferente de los dos precedentes y que puede venir a tornar viable una
concepción ética universalista y, de esa forma, evitar la bancarrota de los
llamados derechos humanos. El nuevo dominio de actualización ética es
totalmente individual: él toma cuerpo en una combinación duplamente única de
alelos, por un lado; y de valores, por otro, que confluyen en el cerebro de
cada indivíduo, o si preferirmos, en su espíritu. La actualización de todas las
combinaciones geneticas e ideológicas posibles se realiza, en cada uno de
nosotros, de forma individual y única. Y no se podrá comprender como se
articulan las dos dimensiones (de la motivación de la acción moral y los
critérios éticos), sin comprender la forma por la cual se realiza el proceso
del conocimiento en nuestro espíritu – o sea, sin entender la importancia del
cerebro en la comprensión de los fenómenos mentales.En efecto, todavia no se
puede decir gran cosa sobre este proceso. Pero parece razonable suponer que la
clave para comprender las relaciones entre naturaleza humana y construcción
cultural, entre individuo y sociedad, consiste en evitar los dos tipos de dualismo: el que separa el
individuo de su grupo social y el que distingue el espirito del cuerpo. De ahí
que, si existe alguna esperanza, aunque
remota , será ,una vez más, nuestra
naturaleza humana la responsable en
fornecer ; o , quizá , sería mejor decir, ella será medida por su adhesión al que hay de común en
nuestra inherente y compartida humanidad. Ella es la que puede dar argumentos a
favor de la existencia de universales éticos y jurídicos , de esos que John
Rawls consideraba princípios esenciales de la justicia. Afinal, una vez que
todos los hombres tienen un cerebro cuyos grandes principios de organización y
funcionalidad son los mismos para el conjunto de la humanidad, los valores
de “vida justa” , “el ideal de la vida
justa”, “con y para los otros” de acuerdo con los terminos de Paul Ricoeur, que
cada un concebe, pueden perfectamente
ser compartidos , en detrimiento de las diferencias culturales y de opinión a
la primera vista inconciliables.
[11]Los
conflictos intergrupales se acentúan en poblaciones animales de gran
complejidad social, pero la mayoría de las especies altamente sociales están
equipadas con dispositivos para conductas altruistas y con la capacidad de
resolver conflictos sin necesidad de recurrir a la agresividad. Sin embargo,
parece razonable suponer que únicamente los humanos tenemos alguna noción de lo
correcto y lo incorrecto, y que además estamos capacitados para reflexionar
sobre ello, así como para corregir nuestra conducta o someterla a reglas de
comportamiento. En nuestro caso, añadimos a estos recursos básicos de nuestra
naturaleza conjuntos de prescripciones culturalmente sancionadas a las que
llamamos normas de conducta (morales y/o juridicas).
[12] De hecho, una comprensión más profunda de las causas
últimas, radicadas en nuestra naturaleza , del comportamiento moral y jurídico humano,
puede ser muy importante para saber cuáles son los límites y las condiciones de
posibilidad de la moral y del derecho en el contexto de las sociedades
contemporáneas. Al fin y al cabo, establecer unos principios normativos que no
tienen nada que ver con la naturaleza humana es condenarse al fracaso. Es
posible, por qué no decirlo, que la mayor parte de las propuestas de fundamentación
de los principios normativos que se han formulado a lo largo de la historia
pequen de inviabilidad por esa desatención hacia la realidad biológica que nos constituye,
o sea, por la falta de precisión de su adhesión
a la naturaleza humana.
[13] Parece ineludible el hecho de que somos el resultado de dos
procesos diferentes , cuyo encuentro, si podemos decir, nos constituye: un
proceso biológico de hominización (por
lo cual el Homo sapiens se distingue
progresivamente de las especies de que desciende: mutaciones y selección natural) y un proceso histórico de humanización (por lo cual él se destaca
poco a poco de la naturaleza : reglas, moral, lenguaje, cultura, civilización...).Esos
dos procesos existen evidentemente. Sin embargo, compartimos de la idea de
que la
hominización es la primera: la humanización, sin ser un simples
resultado (los individuos tambien tienen su papel, con lo que esto
supone de contigencia y criatividad),
depiende de ella. De início, es a final la naturaleza humana unificada y fundamentada en la herencia lo que hace
la diferencia.
[14] Al mismo tiempo, dice F. De Waal (1996) – para quien el proceso
evolutivo nos proporcionó la habilidad y los requisitos para desarrollar una
moralidad, así como un conjunto de necesidades y de deseos básicos que la
moralidad debe tener en cuenta - , debería ser obvio que la moralidad humana no
puede ser infinitamente flexible.Lo que nosotros no hemos diseñado son las
herramientas de la moralidad ni mas necesidades básicas y los deseos que crean
la sustancia con la que actúa.Las tendencias naturales no pueden ser
equiparables a los imperativos morales, pero sí que desempeñam una función
cuando tomamos decisiones. Por conseguiente, aunque algunas reglas morales
refuercen las predisposiciones típicas de una especie y otras las repriman,
ninguna las pasa por alto.En resumen, en lugar de considerar la moralidad como
una invención radicalmente nueva, F. de Waal tiende a verla como una extensión natural de
antiguas tendencias sociales , como parte integrada del lote de la naturaleza
humana que se desarrolla a través de nuestras interacciones sociales.
[15] En ese sentido , una formulación más sofisticada y compleja del
nexo entre el “ser” y el “deber ser” ,
implica que la puente
entre la naturaleza innata del hombre – codigo genético, organización
dominio-especifico de la mente, etc.- y todo el tipo de fenómeno cultural (
sean juicios éticos o juridicos, conductas altruistas o, en general, acciones
en las cuales está implicada la moralidad y la juridicidad) tiene de considerar
esta ultima como una manifestación, un epifenómeno que expresa una forma determinada de conducta
adaptativa , producto de una arquitectura cognitiva estructurada de forma
funcionalmente integrada y relativamente homogénea. Tomando como base las
neurociencias , y considerando el “deber ser” como producto de un proceso
material de mentes funcionalmente integradas – y que durante más de mil generaciones
favoreció y aumentó la supervivencia, el intercambio social y el éxito
reproductivo de aquellos que se adaptaron a la “fé de la tribo” - , se podría resumir de la siguiente manera:
la conducta social humana se transmite mediante la cultura, pero la cultura es
producto de la actividad mental humana, y ésta es producto del cerebro. El
cerebro es, a su vez, producto de la evolución genética. A pesar de ser un
órgano tan complejo, estructurado y flexible, el cerebro presenta una gran
cantidad de predisposiciones genéticamente programadas hacia el aprendizaje y a
la adopción de determinadas conductas : predisposiciones a aprender ciertas
cosas mejor que otras y a adoptar ciertos comportamientos antes que otros.
Estas predisposiciones están ahí, son fruto de la evolución del cerebro por
selección natural, y como la selección natural actúa sobre los genes, los
responsables de nuestras predisposiciones son los genes que construyen el cerebro. Observese, por otro lado,
que parece haber un vínculo muy
fuerte entre la naturaleza humana, el comportamiento moral, el valor semantico
del lenguage y del diálogo, y su papel adaptativo. El
valor funcional de la conducta moral es imenso y permite, por otro lado,
comprender, probablemente, como los antiguos hominídos pudieron sobrevivir. No
sabemos cuales fueron las primera palabras que han dado lugar al surgimiento
del lenguage. Pero en un contexto completamente diferente, el del analisis
semántico del lenguage moral, Ernest Tugendhat indicó que la categoria semántica de cualquier predicado moral se
basa en el significado enteramente incontestable de la palabra “bueno”. Para que el lenguaje moral tenga un
sentido o, mejor aún, para que pueda ser funcionalmente adaptativo, “bueno”
debe significar “bueno para todos”.
Ninguna moral en su origen puede fijar un significado de “bueno” como “bueno solamente para mi” y ser, al mismo tiempo, útil para transmitir
informaciones adaptativas relativas al medio (Camilo J. Cela-Conde/1999).
[16]Por
ejemplo: los derechos humanos y de los niños podrían están basados en nuestras
inclinaciones naturales por las libertades individuales y la igualdad , por la
justicia social y por la protección hacia la infancia; esto es debido a que:a)-
somos animales a los que no les gusta vivir constreñidos o enjaulados;b)
reaccionamos (para el bien o para el mal) a cualquier comportamiento que
implique desigualdad con relación a nuestra persona; c)- nos conmueve el sufrimiento
de nuestros semejantes; y d)- nos gusta ver crecer a los niños en un entorno
seguro.
[17] Por conseguiente,
el objeto del discurso jurídico, en última instancia, sólo puede ser el hombre,
pero no el hombre puramente empírico, ni tampoco el hombre meramente como noumeno sino el hombre como persona (en sentido
ontológico-relacional, situado en el tiempo y en el espacio, en su história y
en su naturaleza), es decir, como el
conjunto de relaciones en que se encuentra y para lo cual está diseñado para
establecer al largo de su existencia. Y
como las relaciones jurídico-personales del ser humano son aquellas que el
discurso jurídico identifica como tal, la legimitad del derecho está
condicionada al hecho de que el proceso de su concreta realización y de su
actuación ocurra de modo a
,negativamente, impedir el hombre del olvido de si mismo y, positivamente,
de afirmarlo en su ser y, de ese modo ,
en su incondicional valor.
[18] En este
particular, un modelo institucional
diseñado a partir de una concepción republicana democrática parece ser
lo más adecuado, no sólo por el hecho de que la tradicción republicana sea
capaz de reconocer la pluralidad de las motivaciones de la vida social humana –
el que seguramente ya constituye una
gigantesca ventaja de partida con relación al monismo motivacional de la
tradicción liberal -, sino porque su peculiar
talante de modelo ético-político abierto aporta valores de ciudadania y de
metodología jurídico-política esencialmente utiles para tomar la ley como un
instrumento de construcción social y, muy particularmente, para asimilar los
cambios formales y materiales en el proceso de la toma de decisiones delante de
la dinámica fluida ( y a veces enloquecida) del
“mundo de la vida” cotidiana.