MÁS FRENTES, MENOS GOBERNABILIDAD

Manuel R. Villacorta O.

Doctor en Sociología Política

manuelvillacorta@yahoo.com

27.11.2008

 

Primer frente: la sociedad civil, producto de la inoperancia de la política pública de seguridad.


Segundo frente: las organizaciones empresariales. Tercer frente: los medios de comunicación.


Al presidente de la República, ingeniero Álvaro Colom, parece reducírsele el margen de maniobra antes de tiempo. No ha cumplido un año al frente del aparato público y todo apunta a que la crisis —favorecida en gran medida por la ausencia de eficientes asesores— se expandirá y golpeará implacablemente el centro neural del Estado: la capacidad de ejercitar la gobernabilidad. El problema radica básicamente en que los efectos de la ingobernabilidad no sólo afectarán a los funcionarios públicos que temporalmente detentan esos cargos, los efectos más dramáticos recaerán en la población guatemalteca, eso que en ciencia política hemos denominado “la sociedad civil”.


Primer frente: la sociedad civil, producto de la inoperancia de la política pública de seguridad. La delincuencia común —exacerbada por la crisis socioeconómica que afecta a toda la población— habrá de incrementarse sensiblemente. Las fuerzas policiales serán insuficientes en cantidad y calidad para dar respuesta efectiva a tan grave desafío. El crimen organizado aprovechará el agotamiento de las fuerzas policiales para incrementar con mayor libertad de acción todas sus operaciones. El malestar social se incrementará, además, porque el Presidente ofreció crear miles de puestos de trabajo, construir miles de viviendas, mejorar sensiblemente la infraestructura escolar y la red hospitalaria. El tiempo ha transcurrido, las promesas no se han concretado, la sociedad pierde la esperanza y, peor aun, la paciencia.


Segundo frente: las diversas organizaciones empresariales de sector privado. Una política económica desarrollista, debe tener como principal objetivo favorecer una alianza entre el Gobierno y los empresarios locales para incrementar la productividad, el consumo y el ahorro. No se ha mencionado nada al respecto, la alternativa gubernamental se reduce al incremento de las cargas fiscales; es decir, la pretensión de una “redistribución matemática sin promover la producción estructural”.
Tercer frente: los medios de comunicación social. Una vez más se repite el error político de culpar a los medios de comunicación por divulgar el sentimiento generalizado de insatisfacción social. Los medios son el reflejo de la realidad nacional, si ésta perfila contradicciones y demandas insatisfechas la obligación de los mismos es exponerla sin alteración alguna, le agrade o no a los gobernantes de turno. Más aun, en los medios de comunicación pueden expresarse ciudadanos con criterios no afines a las políticas del Gobierno. Eso se denomina libertad de expresión, a la que todo ciudadano tiene derecho sin restricción alguna.


Nadie en su sano juicio espera que el actual gobierno —en donde sin duda alguna también hay funcionarios honestos y capaces— solucione de inmediato los históricos problemas estructurales de Guatemala. Pero cierto es que el Gobierno está tomando la ruta equivocada: no buscar consensos para favorecer la gobernabilidad democrática, para beneficio social y el suyo propio.